51. Historia con paraguas
Gerardo era jovial, alegre, desaprensivo y muy molesto. Hacía bromas pesadas a cualquiera sin ninguna contemplación. Había preparado un viejo paraguas para lanzar chorros de agua en la cara de la gente que pasara frente a él. Una noche de intensa lluvia, resguardado bajo un toldo iluminado con una guirnalda de luces encendidas, esperó para probar su nuevo chasco. De pronto vio llegar la oportunidad. Sonriendo maliciosamente, levantó el adminículo… y ya no supo nada más… La gente lamentó la mala suerte del joven que justamente había embocado la punta metálica del paraguas en el único portalámparas sin bombilla eléctrica…
54. Concatenados
(Relato en el que la última letra de cada palabra es la primera de la palabra siguiente)
Quien no origina alrededor relaciones sinceras se exime en no ocasionales situaciones -si incorpora activa amistad- de explicitar razones siempre embarazosas. Sólo oportunidades superiores soportan nuestra actitud de entusiasmo ocasional levemente envanecido, originado obviamente en nuestra aparente estructura animada. Así, interpretamos sucintamente esos significantes -¿significados?- sobre el legítimo orden natural. Los sucesos siguientes se encadenan normalmente en numerosas sucesivas simplicidades sociales. Si integramos sabiamente el lugar real, lograremos ser reconocidos; si interpretamos solamente el lúdico ocaso, obtendremos singulares satisfacciones sin necesidad de exponer rasgos sociales sin sentido. Se suele enorgullecer retrospectivamente el lenguaje elogiando ostensiblemente el lazo original –literalmente- elegido.
55. La Mona Lisa y el ladrón
¡Cuánto pugnó por conseguirla! Desde que la vio por primera vez, la buscó por todas partes sin descanso, sin perder nunca la esperanza de conquistarla. Por ella se convirtió en ladrón. Estaba profundamente enamorado de ese rostro, de esa figura misteriosa. La deseaba. Nunca una pintura había despertado una pasión tan intensa como la que motivaba en Eduardo la famosa Mona Lisa. Y ahora la tenía sólo para sí, podía disfrutarla en su oscura soledad. Ella, mientras tanto, continuaba mostrando la sonrisa enigmática desde la tapa de la lata de dulce de batata marca “La Gioconda” que él había robado.
Estos relatos forman parte de la serie “Cuentos de cien palabras”.