79. Optimismo

montana-1Inspiró con fuerza el aire fresco que lo envolvía acariciándolo con la suavidad de una brisa apenas estrenada. Casi no podía concebir haber alcanzado la cima a pesar de los dedos congelados y la piel ajada hasta el extremo. Ahora vendría lo más difícil: volver. Pero, ¿a quién le importaba? Si lo esencial era haber llegado.

Este relato fue publicado por primera vez en diciembre de 2010 en el libro “Ciento un relatos que siento uno”.

Cuarenta y seis cuestiones a definir antes de casarse para evitar discusiones (en broma… ¿o en serio?)

pareja-enojada

  1. ¿Nos casaremos o simplemente conviviremos?
  2. Si nos casamos, ¿lo haremos por iglesia o sólo por civil?
  3. ¿Dónde iremos a vivir?
  4. ¿Tendremos lecho matrimonial o camas individuales?
  5. Si se da el primer caso, ¿de qué lado dormirá cada uno?
  6. ¿Usaremos sábana de arriba o edredón?
  7. ¿Cada cuánto cambiaremos las sábanas?
  8. ¿Las plancharemos (las sábanas)?
  9. ¿Usaremos una almohada única o almohadas separadas?
  10. En el segundo caso, ¿serán bajas y blandas o altas y duras?
  11. Las camas, ¿las tenderemos todas las noches?
  12. ¿Qué haremos si uno ronca de noche?
  13. ¿Cuántas veces por semana haremos el amor?
  14. ¿Qué método de control de la natalidad usaremos?
  15. ¿Cuántos hijos tendremos?
  16. ¿Qué nombres les pondremos?
  17. ¿Ambos les cambiaremos los pañales?
  18. ¿A qué temperatura pondremos el aire acondicionado?
  19. ¿Compartiremos las toallas?
  20. ¿Y el peine o el cepillo?
  21. ¿Cómo apretaremos el tubo de dentífrico?
  22. ¿Cuántas veces a la semana él podrá no afeitarse?
  23. ¿Y cuántas ella podrá andar en ruleros por la casa?
  24. ¿Quién se bañará primero?
  25. ¿Dónde guardaremos las tijeras?
  26. ¿Qué espacio del placar tendrá cada uno (y se respetará)?
  27. ¿Dónde pasaremos las fiestas de Navidad y Año Nuevo?
  28. ¿Nos haremos regalos en Año Nuevo o sólo en Navidad y Reyes?
  29. En el cine, si ella entra adelante, ¿en qué butaca se sentará (la primera o la segunda)?
  30. ¿Veremos películas románticas o de acción?
  31. ¿Trabajará ella (fuera de casa, se entiende)?
  32. ¿Tendremos mascota? ¿De qué tipo?
  33. Si es un perro, ¿quién lo sacará a pasear?
  34. Si es un gato, ¿quién lo alimentará?
  35. Mientras comemos, ¿veremos televisión?
  36. ¿La mesa será redonda, cuadrada o rectangular?
  37. ¿Parrillada o sushi?
  38. Con las milanesas, ¿puré o papas fritas?
  39. ¿Vino tinto, vino blanco, vino…?
  40. El fernét, ¿lo guardaremos dentro o fuera de la heladera?
  41. En diarios, ¿compraremos La Nación o Clarín?
  42. Para las vacaciones, ¿iremos al mar, a la montaña o a las sierras?
  43. Al guardar las camisas planchadas, ¿irán dobladas o colgadas de perchas?
  44. Mis amigos, ¿serán tus amigos?
  45. ¿Tendremos uno o dos televisores?
  46. ¿Quién sacará la basura?

“Cada uno debe seguir con libertad sus propios gustos. Eso no resiente la homogeneidad de la pareja; muy por el contrario, la estimula”. Michel Quoist.

Sólo para ellas: Averigüen cuál es su comida favorita y cocínensela, mientras le permiten disfrutar del partido de fútbol.

Sólo para ellos: Con motivo o sin motivo, sorpréndanla regalándole flores.

Si se les ocurre alguna otra cuestión que quieran compartir, súbanla al sector “Deja un comentario” de la entrada.

Este texto forma parte de la serie “Entre dichos y entredichos”.

Carnaval

carnavalEstamos en Carnaval, una época del año en la que muchos de nosotros nos dábamos el gusto de dejar de ser nosotros mismos y poníamos en evidencia nuestras fantasías. O al menos así era muchos años atrás, cuando los disfraces, los antifaces y las máscaras nos permitían ocultar nuestro verdadero yo y tomar durante algún tiempo la personalidad de un pirata, un arlequín, un hada o una princesa, para salir a la calle a festejar con agua, papel picado y serpentinas (y en algunos lugares del país, también con harina o con perfume) la magia del Carnaval. Todo era alegría. Todos participábamos de la fiesta yendo en familia a disfrutar del corso, los desfiles de carrozas y los espectáculos musicales. Pero eso ya es pasado y sólo la nostalgia nos acerca esos recuerdos. Hoy día, para bien o para mal, las costumbres han mutado y son las reuniones bailables –los boliches-, el alcohol y muchas veces la droga las que toman el lugar de nuestros sueños. Carnaval se ha tornado en sinónimo de desenfreno, pero un desenfreno “de segundo orden”, porque ya no se espera hasta estos días para “disfrutar de las bondades” de los “Time warp”, los “Cromañon” y similares productos de los tiempos modernos (o de los delincuentes que los producen), en los que la tragedia se oculta a la vuelta de cada esquina escondida en pastillas de éxtasis, bebidas energizantes y música que destruye los oídos. La magia del Carnaval, ese Carnaval inocente y familiero, se ha perdido y tal vez nunca lo recuperemos. ¿Reflexiones de un viejo fuera de época? Tal vez. Pero, ¿quién puede asegurar que el tiempo actual sea mejor que el pasado, al menos en lo referido al festejo del Carnaval?

Este texto forma parte de la serie “Reflexiones sin flexiones”.

81. El pañuelo

monogramaSe desató la tormenta. Loca, imprevistamente, el cielo descorrió un telón de densas nubes de granizo y la oscuridad se enseñoreó de la tarde. Eran apenas las cuatro pasadas meridiano, las dieciséis en nuestra forma de apreciar el día. Sin embargo, las sombras habían cubierto todo el espacio disponible y sólo algunas formas difusas se adivinaban a escasos dos o tres metros. La luz de un rayo hirió la noche en ciernes y a los pocos instantes un rugido resonó tras las nubes. La primera piedra de granizo le dio en la frente justo en el momento en que alzaba la vista para apreciar el insólito espectáculo. Masculló una maldición y echando mano al bolsillo trasero del pantalón desnudó un pañuelo que yacía en el fondo a la espera de un mejor destino. Con manos ansiosas acarició el rectángulo de tela y lo pasó por la ceja dolorida donde había impactado el peñasco de hielo del tamaño de una nuez. Lo sintió húmedo. Pensó que la lluvia que empapaba su entrecejo se había mudado al pañuelo y reposaba en compañía del monograma que adornaba una de las esquinas. Era un bello monograma. Él mismo lo había diseñado y aunque le costó encontrar una bordadora competente que pudiera plasmar el esbozo en el lienzo, finalmente lo había conseguido y ahora la letra “h” se entrelazaba sensualmente con la “f” en un abrazo múltiple primorosamente labrado en la tela. Lo miró una vez más y fue entonces que percibió la mancha de sangre que lentamente se esparcía por la cara interna del pañuelo. Ahogó un nuevo insulto y volvió a pasar la mano, esta vez desnuda, por la frente. Pero no halló sangre sino puras gotas de una lluvia fresca que se escurrían sobre los ojos. –¿Qué me está pasando?– pensó, mientras volvía a refregar la mano en el ceño, donde dos profundas arrugas demostraban su preocupación. Pero no alcanzó a imaginar la respuesta. Un nuevo cascotazo imprevisto, brutal, lo alcanzó a la altura de la sien. La tormenta duró tan sólo diez minutos. Sin embargo, múltiples indicios demostraban el furor del chubasco: alarmas de coches que sonaban frenéticamente, activadas por las piedras que habían impactado en los capó; vidrios rotos; esquinas anegadas; una alfombra de hojas sobre la vereda que parecía ocultar una yaciente figura humana y, enredado en la reja de la alcantarilla, un pequeño retazo de tela blanca que mostraba un monograma primorosamente bordado.

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010.

La vida según Quino

mafalda(A Joaquín Lavado – Quino -, extraordinario dibujante, creador de la inmortal “Mafalda”, quien me mostró a través de sus dibujos que hay muchas maneras de mirar la vida. Adaptado de un escrito atribuido al maestro)

La vida debería fluir al revés: Primero morir. Luego, vivir en un asilo hasta salir por ya no ser tan viejo para permanecer. Comenzar a trabajar por cuarenta años hasta ser lo suficientemente joven para disfrutar de la jubilación. Luego fiestas, parrandas, diversión, amantes, novios, hasta estar listo para la secundaria… Después la primaria. ¡Ahora ya eres un niño que se la pasa jugando sin responsabilidades! Después ya bebé, vas de nuevo al vientre materno para pasar los mejores meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un orgasmo… ¡Eso es vida!

Este relato forma parte de la serie “Cuentos de cien palabras”.

91. Trascendente

periodicos-1Francisco no lo sabía. Nadie se lo había dicho, ni siquiera sugerido. ¡Y pensar que él debía ser el primero en enterarse! Pero así las cosas, esa ignorancia inocente lo beneficiaba. Al fin y al cabo, ¿de qué servía ser consciente de lo inevitable? ¿No era preferible acaso cerrar los ojos a la realidad y refugiarse en los recuerdos? Al menos, eso decían sus amigos, mientras guardaban celosamente el secreto para que Pancho – tal su apodo – ni siquiera sospechara. Pero por mejor ocultos que estén, los silencios terminan por hablar. Y así llegaron las noticias a los oídos de Francisco. Él, al principio, optó por no dar crédito a los rumores, pero conforme pasó el tiempo, se convenció de que eran ciertos. Entonces optó por hacer lo que su ciega lógica le dictaba. Al día siguiente, la historia quedó impresa en la primera página de todos los periódicos…

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010.

Asíntotas (“lo que no se junta”)

paralelasEn lenguaje matemático geométrico se denomina comportamiento asintótico al de dos curvas que se aproximan de continuo, tendiendo a cero la distancia entre ambas a medida que se extienden indefinidamente, pero que no llegan a cruzarse. Es en todo caso un comportamiento, no contradictorio sino más bien complementario, al de la sentencia que establece que “las paralelas se juntan en el infinito”. Haciendo una suerte de transposición didáctica –y por qué no dialéctica-, podríamos encontrar diversidad de asíntotas en variados aspectos del comportamiento humano. ¿Cuántas veces, por ejemplo, hemos decidido asumir determinados riesgos, para dar marcha atrás en el momento en que esos riesgos se presentan? ¿Cuántas otras hemos planeado llevar a cabo emprendimientos, confrontar a una persona, enfrentar determinadas injusticias, reclamar por nuestros derechos, acometer una tarea complicada, dar inicio a un propósito, asumir una postura o tomar partido a favor de alguien o de algo, para luego acomodar nuestras intenciones y quedarnos en el mero enunciado de lo que estábamos dispuestos a hacer? ¿Será el comportamiento asintótico una ley de la naturaleza imposible de violar? Tal vez no sea así, y se trate simplemente de que la decisión de “juntar o no las paralelas” depende fuertemente de la ubicuidad del ser humano frente al conjunto de situaciones a que se enfrenta en cada paso al que la realidad lo expone. Porque somos seres racionales, podemos escapar a ciertos condicionantes y construir nuestros propios comportamientos. Pero es posible también que ciertos sentimientos negativos, como la cobardía, el egoísmo, el miedo al ridículo y otros similares, sean los verdaderos motores del cambio de nuestras perspectivas. Quizás entonces lo importante sea tener la capacidad de discernir las causales profundas de nuestras emociones y en función de las mismas tomar las decisiones apropiadas a cada situación. Y a ustedes, ¿qué les parece? ¿Llegaremos a similares conclusiones o tendremos pensamientos asintóticos?

 Este texto forma parte de la serie “Reflexiones sin flexiones”.