41. Un asesinato

cuchillo-1Y sí, vio, era lógico. Finalmente iba a pasar. No podía ser de otro modo, si le había birlado la novia y encima, mire, se burló de él. Que le había puesto cuernos, que no era lo suficientemente macho, que la hembra gritaba de placer cuando estaba con él y se olvidaba por completo del Ernesto. Y el Ernesto masticaba bronca como se mastica el tabaco en el campo, imaginando una venganza que no tardaría en llegar. Lo esperó como a eso de las doce, en una noche en que la luna había faltado, tal vez porque sabía lo que iba a pasar. Lo esperó escondido en la penumbra de un umbral, con el cuchillo que afilara tan concienzudamente, y un pañuelo embozándole el rostro. Lo vio venir y en cuanto lo tuvo a tiro, le pegó tantos puntazos que nunca pudieron contarlos, vea. Y después, el Ernesto se fue a entregar a la comisaría. Pero el comisario lo dejó ir, mire usted. Y cómo no. Si el propio comisario era el padre de la novia.

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010

Los hermanos de Mowgli

Mowgli(A Rudyar Kipling – 1865/1936 – uno de mis primeros maestros en el arte de soñar. De su libro “El libro de las tierras vírgenes”. Editorial Tor, Buenos Aires).

Eran las siete de una noche muy calurosa en las colinas de Seeonee. El Padre Lobo despertó, se rascó, bostezó y estiró las patas. La Madre Loba yacía con el gran hocico gris caído entre sus cuatro cachorros… Los arbustos crujieron levemente en la espesura. Frente a él estaba un pequeño niño desnudo que apenas sabía andar… La luz de la luna fue en ese momento interceptada porque el tigre Shere Khan había colocado su gran cabeza en la boca de la cueva… “Lárgate de aquí, achicharrada bestia de la selva”, gritó la Madre Loba, mientras le mostraba los dientes…

Este relato forma parte de la serie “Cuentos de cien palabras”.

Ubicuidad

UbicuidadSe despertó sobresaltado en medio de la noche. Una amarga sensación con gusto a polvo le secaba la garganta. Humedeció los labios con los restos de silencio que aún llevaba adheridos a la boca e intentó recordar. Nada le venía a la mente. Ni las sensaciones de una realidad que el día le negaba, ni el sueño que pugnaba por huir pero que aún lo retenía amarrado al colchón. Se apoyó en el respaldo de la cama y se irguió. En ese instante oyó el estruendo colándose por la ventana. Se asomó con premura, justo para ver el final del accidente. Un enorme camión con las ruedas hacia el cielo clausuraba la calzada. Por debajo del tráiler asomaba aplastado el capó de lo que alguna vez fuera un pequeño automóvil. Mareado y sangrante, el conductor del mínimo rodado deambulaba sin rumbo, intentando comprender lo sucedido. En un momento alzó la vista. Al cruzarse las miradas y ver el rostro conocido, comprendió que ya no conducía el automóvil ni caminaba sin rumbo por la calle. Tampoco estaba asomado a la ventana.

Este relato pertenece a la serie “Cuentos incontables”.

El pergamino número uno

El vendedor más grande del mundo 1(A Og Mandino, quien me enseñó a sobreponerme a las dificultades y empezar de nuevo tantas veces como sea necesario. De su libro “El vendedor más grande del mundo”, Editorial Diana, Argentina, 1986).

Hoy comienzo una nueva vida. Mudaré mi viejo pellejo que ha sufrido las contusiones del fracaso y las heridas de la mediocridad. Hoy nazco de nuevo y mi lugar de nacimiento es una viña donde hay frutos para todos. Cosecharé uvas de sabiduría de las vides más altas, cargadas de fruta de la viña, porque fueron plantadas por los sabios que han venido antes que yo, de generación en generación. Hoy saborearé el gusto de las uvas frescas de las vides y me tragaré la semilla del éxito encerrada en cada una, y una nueva vida retoñará dentro de mí.

Este relato forma parte de la serie “Cuentos de cien palabras”.

Publicidad absurda y engañosa – Segunda parte

publicidad 1Me ha pasado varias veces en este blog que escribo algo sin la intención de una segunda parte, pero luego aparecen nuevos elementos que me llevan a realizar una suerte de adenda a la entrega anterior. En este caso, NO me pasó. No se me ocurre una p…, una idea que me permita escribir algo nuevo sobre el tema. ¡Qué cosas! ¿Por qué sucederá eso de que la creatividad se presenta cuando se le da la gana? Bueno, decir “creatividad” es un poco pretensioso, pero ustedes entienden lo que quiero decir. O no entienden, pero igualmente no me importa. Al fin y al cabo, yo escribo para mi propia satisfacción… ¡porque nadie lee ni un mísero de mis relatos! En fin, no nos distraigamos más y vayamos al grano. Hoy día existen en la Argentina un montón de publicidades engañosas, o al menos, incomprensibles. Por ejemplo, a los ya conocidos reclames de la AFIP, Manaos, Rapipago, Precios cuidados y Viajes a Miami y Orlando descriptos en la entrega anterior, se suman los siguientes:

  • Hay una publicidad de Stella Artois en la que aparece una pareja de novios conversando. La chica le hace un mohín y le pide un anillo, y él la arregla con una copa de champagne. ¡Qué miserable! ¡Ni siquiera se le da por abrir una botella! ¡Hay gente para todo! Y para colmo, el mal ejemplo cunde, así que ni se les ocurra pedirles a sus respectivas parejas que les hagan un regalo. ¡A ver si quieren conformarlas con una lata de Coca Cola!
  • Por la radio pasan un aviso que dice “La terapia cognitiva es una terapia resolutiva”. Ah, ahora sí. ¡Clarísimo! Ven, si se lo explican, uno entiende.
  • La ANSES hace publicidad radial y televisiva. Me pregunto: ¿para qué? ¿Para que se jubile más gente? ¡Si con los jubilados que ya hay, no les pueden pagar a todos!
  • El gobierno y la AFA promocionan Fútbol para todos. No se sabe con qué propósito lo hacen. Quieren erradicar la violencia, ¡y les dan sólo una pelota para los veintidós jugadores!
  • En cambio, la gente de Scholas Ocurrentes quiere armar partidos de fútbol sin arcos, así no se pueden hacer goles. Estos de las Scholas, sí que son Ocurrentes. ¿Se imaginan el embole de ver durante 90 minutos cómo veintidós tipos en pantalones cortos se pasan la pelota unos a otros? Si fueran políticos argentinos, se entendería, pero jugadores…
  • Durante mucho tiempo, la publicidad que más entusiasmaba era la del INDEC: siempre daba una inflación menor a la real. ¡Cómo extraño esos viejos buenos tiempos donde me engañaban y yo me sentía contento!
  • Hay un banco que presta plata… sí, ya sé que todos los bancos prestan plata. Pero éste además dice “te quiere ver crecer”. Siempre me pregunté si se estaba refiriendo a mí o a la deuda. Porque pensar que un banco es desinteresado y te valora como persona, más que ingenuidad es b… es bueno creer que son buenos, valga el pleonasmo (que no sé qué quiere decir, pero suena bien).
  • ¿Y los supermercados? Hacen tantos descuentos que te da la impresión de que, además de entregarte los productos, van a darte plata encima.
  • Garbarino, Frávega y Musimundo publicitan ventas “40% off”. ¿Para qué quiero tanto repelente de mosquitos? Además, ¿no vendían artículos de electrónica? Yo sé que las cosas no andan bien, pero muchachos, respeten el perfil de las empresas.
  • Las fábricas de colchones ofrecen descuentos de hasta un 50%. ¡Cuidado! Para mí que te quieren acostar.
  • Y las de neumáticos exhiben carteles donde dicen “4 x 3”. Decime la verdad: ¿quién va a querer comprar doce gomas?

Bueno, aquí se me acabó la inventiva. Espero que disfruten de las publicidades, pero no se dejen engañar. Al fin y al cabo, lo único que pretenden es que compremos lo que no necesitamos, paguemos con lo que no tenemos y nos llenemos de cosas que nunca usaremos. ¿Están de acuerdo?

Este relato forma parte de la serie “Relatos en positivo”.

Calor de hogar

Calor de hogar(A Vitus Droscher, de quien aprendí a conocer a los animales para entender a los seres humanos. De su libro “Calor de hogar”, Editorial Planeta, España, 1983.)

La clave de un mundo pleno de amor es el amor de la madre por su hijo. A quien la vida no se lo concedió de niño, no podrá experimentar la felicidad que implica sentirse amado, ofrecérselo a los demás y más tarde, convertido en madre o padre, transmitírselo a sus hijos. Así penetra el desamor en la vida de nuestra civilización y trae infelicidad… Por esa razón, este fenómeno de la creación debe ser contemplado allí donde se presenta ante nuestros ojos de manera más original y primaria: en la naturaleza sin falsear, en el mundo de los animales.

Este relato forma parte de la serie “Cuentos de cien palabras”.