La Pampa de Quinua

AyacuchoA las nueve de la mañana comenzó la batalla. El ejército realista, agrupado en las alturas del Cerro Condorcunca, inició el ataque bajo el mando del general Jerónimo Valdés. Eran más de dos mil hombres los que arremetieron contra los mil seiscientos soldados peruanos que comandaba José de La Mar. El choque fue violento. Las cargas de caballería española diezmaban las filas patriotas que procuraban resistir a pie firme pero que no lograban contener los avances enemigos. De pronto entró en combate la reserva de montoneros encabezada por Marcelino Carreño y el combate comenzó a cambiar de destino. Desesperado al ver que perdía la batalla, bajó del monte el mismísimo virrey de La Serna con sus batallones de infantería, pero una bala oportuna lo hirió y fue tomado prisionero. La desmoralización se apoderó de las tropas invasoras y los soldados sobrevivientes comenzaron a fugar del campo de batalla. Los oficiales capitularon, y Antonio de Sucre y sus criollos ganaron la batalla de Ayacucho. Así se consolidó la libertad de la América del Sur.

El 9 de diciembre de 1824 se libró la Batalla de Ayacucho, el combate que decidió por siempre la libertad e independencia del Perú.

Este relato forma parte de la serie “Relatos y correlatos”.

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Teoría de la relatividad

relatividad-La teoría de la relatividad se compone de dos partes: la de la relatividad especial  (1905) y la de relatividad general (1915), ambas formuladas por Albert Einstein a principios del siglo XX. Pretendían resolver la incompatibilidad existente entre la mecánica newtoniana y el electromagnetismo. La teoría de la relatividad especial trata de la física del movimiento de los cuerpos en ausencia de fuerzas gravitatorias, en el que se hacían compatibles las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo con una reformulación de las leyes del movimiento, y describe la física del movimiento en el marco de un espacio-tiempo plano. La teoría de la relatividad general es una teoría de la gravedad que reemplaza a la gravedad newtoniana, aunque coincide numéricamente con ella para campos gravitatorios débiles y “pequeñas” velocidades. La teoría general se reduce a la teoría especial en ausencia de campos gravitatorios. El supuesto básico de la teoría de la relatividad es que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador: así, la longitud de un objeto en movimiento o el instante en que algo sucede, a diferencia de lo que sucede en mecánica newtoniana, no son invariantes absolutos, y diferentes observadores en movimiento relativo entre sí diferirán respecto a ellos (las longitudes y los intervalos temporales, en relatividad son relativos y no absolutos)… Pero, ¡no me estás prestando atención! ¡Cómo querés que te explique si te la pasás mirando el celular! Decime, ¿Qué entendiste? –estalló el padre frente a su hijo quinceañero, quien efectivamente dirigía la vista hacia la pantalla del pequeño teléfono. El joven levantó la cabeza, miro hacia el padre y le respondió con displicencia: -Entendí que todo es relativo, pa. Y entendí también que me llevaré física a marzo-. Luego de lo cual, continuó jugando con el teléfono celular.

El 2 de diciembre se cumple un nuevo aniversario de la publicación de la teoría de la relatividad general, formulada por Albert Einstein en el año 1915.

Este relato forma parte de la serie “Relatos extravagantes (algunos incluso raros)”.

20 Paradojas y otras rarezas

  1. paradojaSe llamaba Sed. Murió. Murió de sed.
  2. El aviso decía: “Cepa de vinos”. Les dije que quería saber. Me echaron.
  3. Necesito un momento preciso, pero no preciso un momento necesito.
  4. Entraron un paraguas en la cancha. ¿Para quién? Para Agüero.
  5. Nunca hubo un romance más firme y estable que el de la bella cariátide y el poderoso atlante.
  6. Un jugador de tenis muy sucio es-Coria.
  7. La señorita Ema Toma es muy descuidada. Siempre está golpeándose por todas partes.
  8. En Liliput, todas las mujeres llamadas Liliana son p… ¡pobres mujeres!
  9. Chiste químico: El señor Solway pidió que le sirvieran soda.
  10. A Nicolás Bañera le dicen Nico Tina.
  11. Las melodías son confusas. Sí, y también con redondas, blancas y corcheas.
  12. Los orientales dicen que la cultura de occidente está en el poniente; es decir, en el ocaso.
  13. Preocupa la escalada de precios de remedios en Remedios de Escalada.
  14. Florencia nació en Florencia y la llamaron Florencia. ¿Qué habría pasado de haber nacido en Bratislava?
  15. Cariño de madre: Dora adora a Dora y la mece en la mece-dora.
  16. Jugando a las cartas, le pidieron a Descartes que se descarte.
  17. Hay orientales que no tienen los ojos rasgados. Son uruguayos.
  18. Duda existencial: Los hortelanos que no tienen perro, ¿están mejor alimentados que los otros?
  19. “El hilo se corta por lo más delgado”. Sin embargo, el cordón de mi pijama se cortó a la altura de mi abdomen.
  20. “Un agujero” ¿no es una persona que fabrica agujas?

Estos textos corresponden a la serie “Essentials – Conocimientos importantísimos que no sirven para nada”.

Cómo escribo lo que escribo

escrituraMuchas veces me hicieron –y me hice- esta pregunta y nunca encontré una respuesta acorde. A veces tengo una idea y luego la lleno de lenguaje. Otras, comienzo a escribir y las ideas van fluyendo solas, como si tuvieran vida propia. En algunas ocasiones conozco de antemano el final del relato al que quiero arribar. En otras, por el contrario, la mano se convierte en mi cerebro y desarrolla por sí la historia, sorprendiéndome al final con una conclusión inesperada. En cualquier caso, una vez completado el texto, suelo leerlo y releerlo repetidamente, procurando mejorar la gramática y dando sonoridad y cadencia a la escritura. Porque creo que en todo escrito hay implícita una armonía, un compás que vuelve agradable la lectura. Es como tener una canción sin música, pero que no por ello pierde el ritmo, el movimiento. Y así van naciendo los relatos, los cuentos cortos, las reflexiones e incluso la poesía. Pero por sobre todo lo antedicho, pongo mucho cuidado en ver si lo que escribo es de mi gusto, si me llega, si me satisface. Porque, ¿cómo dar a los demás para que lo disfruten, un producto que a mí no me produce regocijo? Por eso, muchas veces termino la entrega escribiendo “Espero que les guste”. Como ahora, que espero que les guste.

Este texto forma parte de la serie “Reflexiones sin flexiones”.

Los espejos

espejoAunque no lo parezca, los espejos tienen vida. Su función es aprehender las imágenes, custodiarlas amorosamente y devolverlas en forma de recuerdos. Cada mueca, cada expresión de contento o de dolor que surca nuestro rostro, es minuciosamente capturada y celosamente guardada en las diminutas células de sílice y cristal de plata que conforman la pulida superficie. Ocultos en esos pliegues invisibles de la luna, los recuerdos reposan esperando a ser nuevamente convocados. Las alegrías en la parte superior de la platina. Los desdichas, en la inferior. Frustraciones y logros se agolpan a derecha e izquierda del punto central de la vítrea. Y cada vez que volvemos a asomarnos, las imágenes, hasta entonces inmóviles, se apresuran a mostrarse una y otra vez.

Este texto forma parte de la serie “Reflexiones sin flexiones”.

Ceguera

indiferencia“Sí, señor comisario. Confieso que un día me quedé ciego. Pero no fue una pérdida de la visión, sino una ceguera de sentimientos. De pronto extravié toda capacidad de sentir, de tener compasión, de disfrutar la vida e incluso de sufrir. Fue como un gran vacío, señor comisario, un enorme espacio en blanco que ocupaba toda mi mente sin dejar el menor resquicio. Veía cómo las cosas sucedían y nada era capaz de conmoverme, de tocar mi sensibilidad, de herirme o de alegrarme. Las mujeres, señor comisario, que siempre habían sido mi locura, ya no me atraían. Pensar en ellas me provocaba indiferencia, como si estuviese mirando un objeto inanimado o algún insecto extraño y molesto al que debía aplastar para sentirme bien. La primera que maté, señor comisario, creía que me produciría la satisfacción de verla sufrir y desangrarse con un cuchillo hundido en la garganta. Pero no fue así: miraba cómo clavaba sus ojos en los míos y nada, ni compasión, ni pena ni disfrute. Sólo indiferencia, una indiferencia ciega que dolía sin dolor, señor comisario. Con la segunda y la tercera me sucedió lo mismo: ningún sentimiento, ninguna emoción. Luego, cuando estaba a punto de intentarlo con la cuarta, llegaron ustedes y me apresaron. Y aquí estoy, sin poder mostrar arrepentimiento, porque no estoy arrepentido. ¿Volvería a hacerlo? Probablemente sí, señor comisario. Pero no puedo asegurarlo, porque me declaro incapaz de sentir nada…”. El comisario cerró la carpeta que contenía el expediente con el que estaba haciendo el interrogatorio, se levantó de la silla, miró tristemente al acusado y sin decir una sola palabra, salió de la habitación. Más tarde, una inyección letal terminaría con la vida del asesino… Un aplauso cerrado coronó la escena. El público ovacionó de pie a los actores que saludaban desde el escenario. Fue el estreno del drama teatral más exitoso de la temporada.

Este relato pertenece a la serie “Cuentos incontables”.

Recriminación

enojo-¡Te dije que vinieras temprano! -me gritó. Agaché la cabeza y le contesté sólo con una mirada plagada de culpa. Ella insistió: -Paso las noches en vela esperando tu llegada y ni siquiera sos capaz de llamarme. -No tenía crédito en el celular -susurré. –Además, cuarenta años es una edad suficiente como para dejes de preocuparte por mí. -Para una madre un hijo es siempre su hijo y tiene todo el derecho a preocuparse como quiera -declamó, mientras acompañaba las palabras con un estudiado gesto de heroísmo. Suspiré. Decidí no responderle. Cerré la puerta de la habitación y encendí el televisor.

Este relato forma parte de la serie “Relatos re latos”.