Cuento gris

Ella salió por la ventana, el lugar quizás menos esperado, y se perdió en la noche. Él quedó solo, en medio de la oscura habitación, mascullando en voz baja su sorpresa. ¿Por qué la habría dicho que lo de ellos era imposible? ¿Quizás por su fealdad, por su cara estropeada, por su cuerpo incontinente? O tal vez no coincidían en los gustos, sobre todo, si de comidas se trataba. Era difícil para un hombre lobo amar a una mujer vampiro.

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010.

Gestos a evitar cuando se viaja al exterior (última parte)

Hola a todos.

Hoy terminamos con la saga de los Gestos a evitar cuando se viaja al exterior.

Si ustedes conocen otros gestos que también puedan ser ofensivos o peligrosos en otros sitios, no duden en publicarlos en los comentarios y los agregamos.

Aquí van los tres últimos:

 

Signo “OK” (“O” con el pulgar y el índice)

En Francia y Bélgica significa “cero” (que no valés nada).

En Venezuela, Paraguay o Brasil significa “culo”.

En países árabes puede ser una maldición.

 

 

 

Cruzar los dedos

En Vietnam es una referencia a la anatomía femenina.

 

 

 

Sonarse en público

Está mal visto en Japón.

Prefieren sorber los mocos que sonárselos.

Gestos a evitar cuando se viaja al exterior (segunda parte)

Hola a todos.

El domingo pasado publicamos la primera parte del artículo del diario Clarín sobre Gestos a evitar cuando se viaja al exterior.

Hoy vamos a ver la segunda parte.

Aquí va:

 

Tocar la cabeza

No está bien en países budistas porque la cabeza se considera sagrada.

Tailandia, Laos, Sri Lanka

 

 

Enseñar la planta de los pies

Es la parte más impura del cuerpo porque tocan el suelo.

Mostrarlos es una falta de respeto.

India, Turquía, Irak, Afganistán.

 

 

 

 

Señalar con el dedo

En India es un insulto.

 

 

 

Pulgar arriba

Es negativo en Australia, Grecia o Nigeria.

Gestos a evitar cuando se viaja al exterior (primera parte)

Hola a todos.

Hace algunos días se publicó en el diario “Clarín” un artículo en el que se mostraban algunos gestos que es necesario evitar cuando se viaja a algunos países del exterior.

Me pareció importante compartirlo con todas aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de leer el artículo.

Lo haré en una forma muy resumida y en partes.

Aquí les entrego los primeros cuatro gestos a evitar.

 

Hacer la “V” mostrando el dorso de la mano en vez de la palma

Nueva Zelanda, Australia, Reino Unido e Irlanda.

Cuidado con los ladrones informáticos que toman las huellas de fotos públicas.

Señal de stop

 

Señal de stop

Generalmente se usa la palma de la mano para decir “pare”.

En Grecia es un insulto grave (moutzo) que proviene de arrojar cenizas o excrementos a la cara de la otra persona.

Cuanto más cerca de la cara, mayor la ofensa.

 

Llamar con el índice

En Filipinas el gesto se usa para llamar a los perros.

Podrían llegar a arrestarte.

 

 

Señal de mascar chicle

 

Mascar chicle

Está mal visto en el sudeste asiático.

En Singapur está prohibido.

 

Equivocaciones

InternetLa había conocido por Internet y luego de varios meses de chateo por fin se encontrarían. Era la primera cita y quería impresionarla. Se bañó temprano, se vistió con la mejor ropa que encontró en el guardarropa y se perfumó con una colonia olvidada en el fondo de un cajón, producto seguramente de algún regalo de cumpleaños. Se instaló en la esquina de Córdoba y Cerrito quince minutos antes de la hora convenida. Al cabo de una eternidad de media hora llegó ella. Respondía fielmente a la descripción anticipada vía mail. Rubia, alta, delgada y elegante, con el cabello largo rozándole la cintura y una minifalda que descubría unas piernas bien torneadas. Después de los saludos de rigor, él sugirió que le había reservado una sorpresa. La condujo a una parrilla de la zona, conocida por tener una vaca embalsamada en la puerta. Ese fue el primer error. Ella era vegetariana y no se lo había advertido. Con la sonrisa congelada en la cara, la invitó a caminar. Ella aceptó entusiasmada, pero a las tres cuadras le confesó que le dolían los juanetes. Siempre sonriendo, él le ofreció tomar un taxi. Ella asintió agradecida porque el dolor de pies se volvía insoportable. Subieron a un radiotaxi y le dieron al chofer la dirección de un restaurante. El taxista arrancó apresurado y se llevó por delante a un autobús que se acercaba a la vereda. Producto del impacto, a ella se le rompió un diente. Él la llevó de urgencia a una guardia odontológica. Allí la atendió un dentista somnoliento que por error le arregló un diente sano. Decidieron que el día había sido demasiado movido y que lo mejor era que cada uno volviera a su casa. Quedaron en verse otro día, pero esa misma noche ambos cambiaron la dirección de mail.

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010.

La búsqueda

Un fantasma atemporal vagaba por los fríos corredores del castillo neogótico arrastrando unas cadenas esfumadas y emitiendo un lamento inaudible. Los cuadros y armaduras que poblaban los pasillo contemplaban la penosa figura errante que cada noche derivaba sin rumbo de una punta a la otra, golpeando su cabeza en las paredes y probando de abrir las puertas de los cuartos en los que, sobre mullidos colchones de plumas de ganso, reposaban los esqueletos sin alma de los primeros habitantes del palacio. Cada noche la figura recorría en forma inclaudicable el contorno interior de la inmensa morada intentando desbloquear las cerraduras, dejando nuevas huellas de su paso en las paredes, y cada noche se retiraba resignada, al no poder reencontrarse con su antiguo esqueleto.

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010.

La queja

Reptó como un gusano sigiloso enmudeciendo el silencio, aferrándose a las vueltas de una oreja imaginaria y al mismo tiempo tan real como ella misma. No supo de dónde había partido, cuál era el motivo indecoroso que la motivara, cuál la razón póstuma de su penoso origen. Lo cierto en que allí estaba, señora de ausentes y presentes, rumor en altavoz, llanto de ciegos, palabra innombrable. Los que estaban en ronda se miraron; la miraron; volvieron a mirarse; y finalmente, dando media vuelta, cerraron los oídos y partieron.

Este relato forma parte del libro “Ciento un relatos que siento uno” publicado en Diciembre de 2010.